Testimonio de Esther y Júlia

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Testimonio de Esther y Júlia

Nuestros amigos de ECLESALIA nos pidieron, a raíz de nuestro comienzo de noviciado en Suesa, que compartiéramos un sencillo testimonio. Aquí está, gracias por la invitación.

 

ECLESALIA, 17/06/19.- El pasado 25 de mayo celebramos nuestro inicio de noviciado en el monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa, después de más de un año como postulantes. Nos llamó la atención de esta comunidad el que fueran mujeres en búsqueda, despiertas, dispuestas a interrogarse; con una manera de vivir en que Dios es lo más importante, donde intuíamos que se podía ir a lo esencial de la vida.

Realmente nos hemos encontrado con otra manera de vivir, centrada en Dios y en comunidad. Todo en nuestro día está preparado para estar en Su Presencia: nuestro tiempo, con muchas oportunidades para la oración y la conciencia, y también la manera como vamos aprendiendo a relacionarnos. En comunidad vamos viviendo sin temer a las diferencias, sabiendo que son posibilidades de explorar nuevos modos, de fijarse en detalles a los que antes no dábamos importancia, de ceder y de ser flexibles. Intentamos tratarnos a nosotras mismas y a las demás con respeto, comprensión, agradecimiento, aceptación, empatía, compartiendo, valorándonos.

Nos encontramos con que no soy la única a quien le pasan cosas, y que lo que me pasa a mí no es más importante que lo que les pasa a las demás. Aprendemos que nuestros gustos y apetencias no deben impedirnos ser libres para hacer de buen humor y lo mejor que podamos cualquier cosa que se nos pida. Descubrimos poco a poco la hondura de ideas como “perdón”, “humildad”, “vivir como hermanas”, “entrega”. Y así nos nos vamos adentrando en la relación de amor, de comunión, de Dios Trinidad.

Cada día en el monasterio está lleno de retos: vivir así no es sencillo, muchas veces nos sentimos incapaces y caemos en lo mismo una y otra vez. Pero nuestra vida no va de contabilizar éxitos y fracasos: nuestro mayor reto al empezar el día es vivirlo disfrutando, disfrutando de lo que somos, de lo que son nuestras hermanas, de lo que compartimos, saboreando la Presencia de Dios. El silencio y la sencillez nos capacitan para reconocer y apreciar la paz, la alegría y el encuentro, y ésta es nuestra riqueza: poder celebrar juntas la vida con todo lo que es.

Nos dejamos en manos de Dios Trinidad agradecidas y confiadas. Nos mueve el deseo de seguir creciendo en Él y de vivir cada vez más a su manera, entregándonos en nuestro camino monástico, poniendo en funcionamiento todos los dones que nos ha dado y nutriendo a la comunidad con ellos