Es más barato confiar, mucho más.

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Es más barato confiar, mucho más.

Dice una hermana de comunidad que la mayor parte de las veces resulta más barato confiar.

Más barato y más sencillo, añado yo.

A ver, con sinceridad, ¿cuántas veces usas eso del «por si…»?

Si me voy de viaje lleno la maleta de cosas superfluas por si las necesito (luego resulta que no, que no las necesité y fue un engorro cargar con ellas todo el tiempo).

Si alquilo un coche, o una casa, acabo gastando un montón de dinero en seguros  y requeteseguros, que te aseguran poco, por si doy un golpe al aparcar, por si se quema la lavadora…

Si preparo una fiesta lleno la mesa de viandas y múltiples bebidas diferentes, por si esta no come esto, o si el otro no bebe aquello…

Que sí, que sí, claro que pueden suceder cosas, y suceden, pero… no nos anclemos en el miedo. Tampoco en la imprudencia.

El miedo nos vence en muchas ocasiones y creemos que pagando más, acumulando más, podremos derrotarlo finalmente. Y no es cierto. Se marcha «hasta mejor ocasión», como el diablo en los evangelios.

Sobre nuestras acciones ejercen gran presión los medios de comunicación, las aseguradoras, las compañías de publicidad, … hasta el vecino del quinto, ése al que le pasó no sé qué no sé dónde, y que te lo cuenta con tal sentimiento que acabas jurando y perjurando que a ti no te sucederá nunca, porque serás previsor.

Podemos intentar confiar un poco más en nuestras capacidades, en el buen fluir de la vida, en la bondad de la humanidad… Ni ir de ingenuos ni tampoco de acobardados.

Confianza y fe es lo mismo.

No podemos creer las palabras de Jesús si vamos midiendo, «por si acaso».

Con Cristo hay que fiarse.

 

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