Reflexiones a partir de un bizcocho

bizcocho suesa

Reflexiones a partir de un bizcocho

Querida amiga, al hilo de nuestra última conversación (¡gracias por el bizcocho, estaba delicioso!) me animo a seguir reflexionando contigo en este bello tiempo de cuaresma que nos invita a ir desnudándonos, semana a semana, hasta encontrar el ropaje verdadero que nos cubra de la misma Vida resucitada.

Yo, como tú, también pienso que no acabamos de darnos cuenta de que los sentidos, todos, son la puerta de la interioridad, y que por ellos podemos adentrarnos en lo profundo.

Por ejemplo, pensemos en el sentido del gusto. ¡Cuántas veces «engullimos» inconscientemente la comida, sin reconocer el acto sagrado que estamos realizando, el acto sacramental de alimentarnos!

En nuestra sociedad tenemos tal variedad de alimentos que ya no sabemos ni «echar de menos» un sabor determinado. Podemos impotar cualquier fruta o verdura, sea o no la época adecuada, en cualquier momento del año.

No sabemos lo que es optar por comer de una manera sencilla, con los alimentos de temporada.

A veces decimos incluso eso de «uffff, ya no sé qué poner hoy».

Una vez más lo tenemos todo al alcance de la mano. Y si no es así, nos parece inadmisible, nos enfadamos. El no tener lo que quiero, cuando quiero, modifica mi estado de ánimo. ¿A quién estamos dando el poder sobre nuestras emociones y sentimientos? ¿A un tomate en febrero?

Alimentarse es recibir vida. Sabemos que mucha gente no tiene esa oportunidad, ese privilegio.

Te cuento que nosotras hemos decidido en esta cuaresma comer y cenar siempre lentejas y arroz blanco, ¡nos hemos hecho unas expertas, jajajaja! Es un alimento sencillo, accesible.  Ya sé que no es el «súper gesto» pero… nos está ayudando a concienciarnos, a reconocer la fortuna de tener una alimentación más variada, a acercarnos, un poquito, a quienes comen siempre lo mismo (y solo una vez al día).

El sentido del gusto como motivo de acción de gracias nos acerca al sacramento de la eucaristía. En esta celebración este sentido está en pleno rendimiento. El pan y el vino, que nos alimentan interiormente, nos recuerdan nuestra transformación, por la fuerza del Espíritu, en Cristos que han de partirse y repartirse, que han de ser también alimento para otras y otros.

No sé qué piensas de esto que te digo. Bueno, es un compartir informal, ¿no? ¡Mira lo que ha hecho tu bizcocho!

Termino, querida amiga, invitándote (y así me lo recuerdo a mí misma) a dar gracias conscientemente cada vez que bebas o comas algo, y a hacerlo sin capricho, con hondura.

Te deseo una «sabrosa y fresca» cuaresma.

Un abrazo.