Sí que hay para todos

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Sí que hay para todos

En un debate sobre la fe y la ciencia participaban un sacerdote, un científico ateo y una economista agnóstica. Para empezar, el título era “Ciencia Vs Dios”, como si fueran dos conceptos, ideas o como lo entendamos, contrarios.

Vamos a fijarnos en dos ideas. Una la expuso el científico: “compartir” es una característica innata en el ser humano,  es decir, no aprendemos a compartir sino que nacemos con esa capacidad.

La segunda idea la dijo la economista, con papeles, estadísticas, datos oficiales en mano: en el mundo hay suficientes recursos y bienes para toda la humanidad, sí que hay para todos. Y al oír eso, es prácticamente inevitable que nos asalte esta pregunta, y entonces… ¿por qué dejamos que gran parte de la humanidad muera de hambre?

Recientemente, en un encuentro que tuvimos en el monasterio, alguien nos contó este testimonio, un hecho que sin duda puede hacer que a muchas personas nos salgan los colores.

Nos hablaron de una fundación solidaria que había puesto en marcha algún proyecto social en aldeas muy pobres de la India.  Una de las maneras que tiene esta fundación para lograr fondos es colocar huchas en las casas y centros situados en los lugares donde tienen proyectos. Tras ciertas dudas, decidieron poner algunas huchas en estas aldeas pobres durante un tiempo de un año. Pasado el plazo recogieron las huchas y, al romperlas, se encontraron con una gran cantidad de dinero, que superaba con creces sus pronósticos. Entonces los encargados de la fundación empezaron a lanzar ideas: “les podemos construir una escuela…, comprar ganado…, facilitarles medios para el cultivo de la tierra…”. Alguien propuso preguntar a las gentes de estas aldeas, ya que era su dinero. Y así lo hicieron. Fueron, les explicaron la situación y les preguntaron si querían una escuela, animales… qué querían hacer con ese dinero.

La respuesta de esta gente pobre fue: “Llevádselo a los pobres de África”.

Y al oír esto es inevitable que de nuestro corazón broten sentimientos de admiración, de pequeñez, de humanidad…

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