Habitar nuestro tiempo.

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Habitar nuestro tiempo.

¡Buenas tardes!

Por fin puedo sentarme a escribirte. Estos días estamos terminando los belenes y demás adornos para Navidad y nos tienen un poco liadas.  El próximo día 8 inauguraremos el belén de la iglesia, como todos los años. Después de la misa iremos a bendecirlo y desde ese momento se podrá visitar hasta después de Reyes. No sé si sabes que solemos apuntarnos en el concurso de belenes del ayuntamiento; es un estímulo para prepararlo diferente cada año y con cuidado y mimo.

Como puedes imaginar recibí tu carta. He estado dando vueltas a lo que dices, esa cierta apatía de Adviento. Me preguntas cómo vivirlo de una manera profunda y de verdad prepararte para celebrar la Navidad. Sí, sé que no es fácil, siempre volvemos a lo mismo: las miles de cosas que hay que hacer en el día a día que de alguna manera arrollan y no dejan tiempo para serenarse y, al menos, vivir estos días de forma consciente…

Cada día se ponen antes los adornos en las tiendas y parece que Navidad es sinónimo de consumir, comprar, gastar… Al menos estos últimos años se han sacado eso del “Black Friday” y hace que el objetivo “navidad” quedé en un segundo plano hasta después del último viernes de Noviembre.

Pero no podemos dejarnos llevar por la lamentación y excusarnos en lo difícil que es. Al final, cada persona decide y elige cómo quiere vivir, de alguna manera se trata de coger esa responsabilidad en las manos, con todo su valor. Aprender a decir “sí” y aprender a decir “no”. Si no, seremos marionetas movidas por hilos ajenos. Por un lado no tenemos esfuerzo y, claro, resulta más cómodo, pero por otro perdemos la voluntad y la libertad, ¡lo perdemos todo!

Además de estar en Adviento, en la Iglesia comenzamos un nuevo año, cambiamos de ciclo. Se nota sobre todo en las lecturas de la Eucaristía. Es un comenzar de nuevo, y esto me recuerda al Génesis, en el primer capítulo, con su “pasó una tarde, pasó una mañana…”, sucediéndose así  los días de las creación.

Este texto nos está hablando del tiempo. Y nos está diciendo que también el tiempo está habitado. Nos resulta más fácil captar eso de que estamos habitados por Dios. No sé si experimentarlo o vivirlo, pero, al menos, sí que lo hemos oído muchas veces. Eso de encontrarnos con Dios en la naturaleza, en la Creación, y también en lo hondo de nuestro ser. Pero tal vez no hemos profundizado tanto en esta otra realidad: el tiempo está habitado por Dios. ¿Entiendes lo que esto significa? El ahora está habitado por Dios. Es una premisa fundamental desde los orígenes de la vida monástica. Vivir conscientemente en el momento presente porque es donde te encontrarás con Dios. El presente es la puerta a la eternidad.

Por eso la oración del corazón.

No existe el tiempo muerto, es una expresión poco afortunada esa de que “el tiempo muere”, ¡el tiempo es de Dios!

Y ahora te pregunto, o mejor, te lanzo un reto… habita tu tiempo. Esa es la dificultad. No que tengamos muchas cosas que hacer… sino que no habitamos nuestro tiempo.

Habita tu tiempo porque es en ese tiempo donde se encarna Dios. Igual de esta forma sales de la apatía, que me parece que es un poco eso de “ya me lo conozco”, “otra Navidad más”.

Ninguna Navidad es igual, de hecho solo tienes una Navidad, esta hacia la que te diriges hoy, ahora.

Me gustó mucho la canción que me enviaste, la hemos escuchado en comunidad, tal vez la incorporemos a nuestro repertorio, es melódica, sencilla y pegadiza. La letra no tiene despercidio.

Bueno, ya te dejo. Ya me dirás si te ha ayudado en algo esta carta o te he liado más.

Un abrazo fuerte, en la Comunión donde habitamos,

 

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