El camino del adviento

El camino del adviento

El tiempo de Adviento es el tiempo del camino hacia el interior, hacia lo más profundo.

Es un camino de reconocimiento que requiere máxima atención, por eso es mejor ponerle cierta dosis de silencio, de concentración amorosa.

También es un camino sin retorno. Lo pasos que se dan no tienen posibilidad de ser borrados o anulados. Los descubrimientos que se experimentan se quedan impregnados en la piel, nutriéndola, haciéndola mucho más capaz de percibir.

Caminar hacia el interior, en silencio, pide una buena cantidad de audacia, y de convicción.

¿Qué espero encontrar? ¿Por qué quiero meterme en el camino del adviento?

Si lo recorro con cierta soltura, sirviéndome de las múltiples señales y huellas dejadas por otros caminantes anteriores, acabaré topándome con un nuevo Nacimiento, una experiencia de Encuentro profundo con mi propia verdad, mi verdad más desnuda, más frágil, que no es otra que Dios mismo encarnado en mis entrañas.

Antes de iniciar este trayecto es bueno preguntarse y evaluar mi nivel de sinceridad en esta búsqueda, en mi deseo de llegar a esa Natividad.

No puedo encontrarme con Dios y vivir de espaldas a ese suceso.

No puedo obviarlo, desdeñarlo.

El camino del Adviento va preparándome para el final. El silencio, la oración, la escucha de lo que sucede a mi alrededor, el pálpito de los corazones que me rodean, mi pequeñez, mis limitaciones,… todo eso irá ayudándome y llenándome de fuerza y alegría contenida.

Ya llegará el momento de abrir el frasco y soltar el “buen olor”, desatar y quitarme las botas que me han acompañado por el camino.

Atención, escucha, apertura y gratitud por el camino que me conduce a la Navidad.

¿Qué nace (¿quién?) tras un tiempo de Adviento vivido con hondura y esperanza?

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