En el gimnasio

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En el gimnasio

Sí, están en el gimnasio. Un grupo de unas 30 personas, de “ejercicios” espirituales.
Comenzaron el domingo pasado, ya se sabe, calentando, aún están haciéndolo, creo. No es sano empezar a hacer ejercicio de golpe sin un sabio pre-calentamiento.

Es un grupo muy variado, de muy diversos sitios, de distintas edades, con recorridos muy diferentes… Casi todo el grupo está formado por mujeres, a fin de cuentas, también la Iglesia está formada mayoritariamente por mujeres,… aunque se nos oiga menos, o nos dejen hablar poca cosa.

En estos días de intensivo en el gimnasio la casa suena a silencio, a hondura, a ganas de Dios.

Nosotras apoyamos desde la “intendencia”, pero también desde la inteligencia de la interioridad, esa que te hace estar receptiva a las mociones de alrededor. Y así vamos viendo cómo la gente se destensa, empieza a entrar en calor, coge ritmo. Es bonito percibir la evolución, el arte de hacer músculo.

Muchas veces nuestra hospedería se convierte en “gimnasio” espiritual. Son muchos los grupos, o las personas concretas, que deciden dedicar parte de sus vacaciones a coger tono muscular en el alma. Dicen que luego les va mejor, que igual que necesitan cuidar el cuerpo, no tomar mucha sal, hacer algo de deporte, beber agua, igualmente precisan cuidar las hondonadas del alma. Ya sabemos que el alma a veces se atasca, por eso es mejor tenerla en forma.

Los métodos que utilizan quienes deciden apuntarse a este gimnasio pueden diferir bastante pero la coherencia, la profundidad y el horizonte son los mismos, el encuentro con la Trascendencia.

Nuestra casa huele, aún más, a silencio, a ganas de Dios.

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