Lo que nos une, siempre.

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Lo que nos une, siempre.

Estamos aún en el octavario de oración por la de unidad de las Iglesias cristianas. Nuestra oración gira estos días en torno a la búsqueda de lo que nos une que, siempre, siempre, es mucho más que lo que nos separa. Incluso lo que nos separa podemos mirarlo como fuente riqueza porque 1 + 1 = 2.  Hemos de sumar y aprovechar la diferencia.

San Juan de Mata, fundador de la Orden Trinitaria era maestro de teología en París y, sin embargo, a quienes seguimos sus huellas no nos dejó ni un solo tratado, ni sencillo ni sesudo. Únicamente dejó dos elementos para vivir: la regla trinitaria, brevísima, y un hermoso mosaico en la fachada de su convento en Roma. El mosaico permanece, cualquier viandante puede verlo y pararse a contemplar y leer, si es capaz, su mensaje.

En un tiempo en el que la Iglesia ya estaba dividida él decide dejar para la posteridad un mosaico al estilo bizantino. Juan quiso expresar el abrazo entre dos opciones, la posibilidad de que sí, que podemos caminar de la mano hacia el centro. Podía haber dejado un relieve, una escultura, un fresco,… pero no, escogió un icono al estilo bizantino, como la iglesia ortodoxa.

Juan de Mata, maestro de ecumenismo,

muéstranos el camino de la unidad.