antepasadas Suesa

Nuestras antepasadas son los cimientos del presente del que disfrutamos.

El 14 de noviembre celebramos en nuestra Orden el recuerdo de quienes han formado parte de ella, de nuestras hermanas difuntas. De manera sencillas hoy las tenemos especialmente presente y hemos ido al cementerio de la comunidad, juntas, para orar con ellas de una manera más consciente.

Por nuestro corazón se entrecruzan muchos nombres. Las hermanas que formamos actualmente la comunidad hemos conocido a algunas que ya fallecieron y es un día para contarnos historietas, anécdotas de otros tiempos, de otras formas de vivir esta misma vocación.

Algunos nombres resultan más conocidos para la gente de nuestro alrededor puesto que hubo hermanas que se encargaron de la educación de muchos niños y niñas de la zona. La madre Espíritu es una de ellas, pero hubo otras, muchas que, con su trabajo callado, con su presencia tranquila y casi anónima fueron acompañando la cotidianidad de las gentes de nuestro querido ayuntamiento de Ribamontán al Mar.

Los tiempos han cambiado, la comunidad también, por supuesto, no sería lógico que el mundo evolucionase, que la sociedad girara y en cambio el monasterio permaneciera estático, como si fuera el guardián de un pasado al que se acude con una sonrisa nostálgica pero sin ninguna pretensión de revivirlo. Quiens estamos hoy en este monasterio trinitario de Suesa estamos profundamente orgullosas de nuestras hermanas antepasadas, de su generosidad y su enseñanza. También nosotras queremos ser fieles a lo que sentimos que el Espíritu nos pide, con sencilles, con humildad, pero con mucho valor y honestidad.

Hermanas antepasadas de la comunidad, empujad nuestra fe, animad nuestro compromiso como monjas, como discípulas del artesano de Nazaret, que sepamos dejar un espacio lleno de Dios a quienes nos hereden, que sigamos construyendo una casa abierta al pueblo de Dios.

Amén.