Queridas hermanas… (testimonio de una huésped)

Hospedería del monasterio de Suesa.

Queridas hermanas… (testimonio de una huésped)

Queridas hermanas,

Ya había estado antes en la hospedería con un grupo de formación hace siete años. Esta vez, yendo sola, he podido vivir mejor vuestra propuesta de facilitar los medios para estar más cerca de Dios, abriéndonos a los laicos vuestra casa de la Trinidad.

No siendo practicante, sí he recibido distintos sacramentaos de la Iglesia a lo largo de mi vida. Me identifico con esta etimología de la palabra religión: re-ligare, volver a unir o acercar a la persona a Dios. Para este encuentro íntimo, este volver a casa, reconocernos en lo mejor, en todo lo positivo…en Dios en mi… hace falta Silencio. En Suesa respiramos ese silencio externo que invita al interno, facilitándonoslo a las que venimos de la vorágine urbana.

Desde mi perspectiva de psicóloga, observo cómo el bastidor del monasterio, con su ritmo y orden, pone enseguida en relieve los esquemas y hábitos que traemos, que hemos ido desarrollando y que son una segunda piel: ideas, juicios, costumbres…Suavemente, el ambiente del monasterio los va moldeando, ayudando a desprendernos de lo superfluo, lo que nos sobra…si sabemos ver y aprovechar la ocasión. A mi esto me ha servido mucho, y hasta se me han quedado cortos los seis días para seguir observando-me. Así que me he llevado esta “plantita” para regarla en casa.

Desde lo más personal, he visto una comunidad de mujeres perfectamente organizada, concienciada… ¡empoderada! Me ha gustado que en las oraciones cantéis en femenino inclusivo, lo que sorprendía a una mujer que os lo comentó en las comidas. También veros trabajando (vi a la hermana María muy suelta con la máquina cortacésped, a la hermana Edurne limpiando las habitaciones, y cada día a las hermanas Esther y Mª José trayéndonos la comida y bendiciéndola con alegría). He disfrutado del clima de las oraciones: el Silencio, respeto y recogimiento…pero también la música y los sencillos, preciosos y participativos bailes meditativos. La oración de la noche me ha resultado especialmente conmovedora…con luz y música tenue…y esa agua compartida, ese bautismo renovado, se volver al origen, para cerrar el día en Paz.

En resumen, una experiencia gozosa, cercana, asequible en todos los sentidos. Me siento muy agradecida por estos días y quiero compartíroslo.

¡¡Un abrazo desde el corazón de la Vida, que es Madre, Padre…Dios Trinidad!!

Itziar Rodríguez

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