Queridas hermanas… (testimonio de un huésped)

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Queridas hermanas… (testimonio de un huésped)

Queridas hermanas:

Unas pocas líneas para mostraros mi agradecimiento por abrirnos vuestra casa, un oasis dónde cada uno bebe el néctar que anda buscando.

Este agua de vida que ofrecéis, no es otra cosa que la generosa presentación a los demás de lo que sois, de lo que hacéis. Thomas Keating resalta la importancia de la comunidad que vive en un monasterio una vida de retiro, para nutrir esos espacios sagrados que luego se ofrecen a todos los que llegan. No puedo estar más de acuerdo.

En esta última ocasión que os he visitado he conocido otra faceta de vuestra acogedora casa. Me decíais Esther y Mª José, como excusándoos, que el silencio en esta época no es el deseable. ¡Qué curioso! Sin ser el deseable era el indicado, el que yo necesitaba.

Desde hace algún tiempo, ronronea en mi interior la intuición de que lo difícil no es retirarse, sino estar en el mundo. Lo digo por supuesto para un seglar de acción. No sabría si definirla como pasión o incluso como pulsión, la necesidad de silencio que sigue creciendo de forma lenta, pero continuada en mí. Y al mismo tiempo empiezo a vigilar que no se convierta en un refugio, un escape, un narcótico.

Estos últimos cuatro días en vuestra casa, me han proporcionado el mejor entrenamiento posible para estar en el mundo, ese que te obliga a salir del confortable abrazo del silencio para entrar en relación con otros, que no es otra cosa que nuestra razón de ser, pero sin perder la conexión con nuestro Centro. Una exigente práctica de conexión hacia dentro y hacia afuera de forma alternativa, ocho o diez veces al día. ¡Qué maravilla! ¡Qué enseñanza regalada! Muchas gracias. Si fuese capaz de aplicarla en mi vida corriente, ya os adelanto que no, se habría producido un salto interestelar…

… o interespiritual, quien sabe. También agradeceros que me dieseis a conocer: “El nuevo monasticismo: un manifiesto interespiritual para la vida contemplativa”, que también va de esto mismo, de un nuevo monacato secular al que todos estamos llamados. Un paradigma en el que contemplación y acción no son opuestos, sino necesariamente hermanos. Basta con que seamos capaces (también en palabras de Keating en el epílogo del libro original en inglés, y que tanto estoy disfrutando) de rendir nuestro ego a fin de que podamos recibir por completo el gracioso regalo de la participación en la vida divina de amor, paz, compasión, perdón, servicio a los otros y sabiduría.

Muchas gracias por ofrecernos ese pozo en el que todos podemos saciar nuestra sed con nuestra bebida preferida. Gran abrazo para todas,

Manuel


Gracias a ti, Manuel, por tu sed y tu búsqueda.

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