La Biblia en el centro de nuestra fe

Biblia Suesa

La Biblia en el centro de nuestra fe

La vida monástica es, por definición, vida laical, no nace como comunidad presbiteral. Esto significa que no siempre sea posible, o necesario, disponer de un espacio con un sagrario donde vivir un tiempo de oración personal.  La Palabra de Dios, la Biblia, es la manera más directa para encontrarnos con el rostro de Dios Trinidad, Dios Comunidad.

Tradicionalmente se ha hecho mucho hincapié en la adoración eucarística, devoción que hasta el siglo IX no aparece en la Iglesia. En cambio, la lectura de la Palabra de Dios, su estudio, comentarla y compartirla, venerarla, aprenderla de memoria, de tal manera que el día pueda transcurrir rumiando algún versículo, alguna idea,  es una realidad que encontramos desde los mismos orígenes del cristianismo, como no  podía ser de otra manera ya que somos descendientes de la fe judía.

La lectura de la Palabra de Dios, su saboreo, su estudio serio y sistemático es algo fundamental en nuestra vida. Necesitamos conocer los textos sagrados, saber acudir a ellos para encontrar respuestas en nuestro camino.  Compartir la Palabra de Dios, tanto en la comunidad como con personas ajenas a ella, nos empuja a vivir de manera más eclesial, menos intimista, más abierta y plural. Escuchar al otro y a la otra cómo resuena Dios en su corazón a través de los textos es un privilegio y una obligación.

Los monasterios somos Escuelas de la Palabra, por ese carácter laico que poseemos y que es bueno reivindicar. No necesitamos más que una sencilla Biblia para poder crear un momento de profunda comunión con Dios y con  los demás.

El hecho de que la Biblia no se considere sacramento, como lo es la eucaristía, no significa que ocupe un segundo puesto como manifestación de Dios, de hecho, en la celebración de la eucaristía se habla de las dos mesas, la de la Palabra y la del Pan y Vino. Dos mesas con idéntica importancia, dos mesas a las que estamos invitados a sentarnos como hermanas y hermanos, en círculo, sin privilegios, sin escalones, con igual sentimiento de discipulado y fraternidad-sororidad.

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