Querida CRT (5)

Querida CRT (5)

Mi muy querida CRT,

ya estamos terminando. El último elemento es la tierra.

La biblia nos recuerda que estamos hechos de tierra, tierra que Dios con sus manos moldea y da aliento para darle vida, de forma personalizada (que no individualista). Javier Melloni lo expresa así:

Somos tierra y semilla al mismo tiempo. Un germen que no siempre se sabe identificar y que, a medida que se va desarrollando, va desvelando su misterio. Este despliegue de la semilla que somos se va descubriendo mediante los deseos que persistentemente pugnan en nosotros para abrirse, para ser dados a luz.  (El deseo esencial. Javier Melloni)

Esta es la última carta, al menos por este año. Y espero que hayas podido seguir las indicaciones y aún no hayas comido. Es importante porque después de leer esto seguramente tu manera de comer, al menos hoy, cambiará.

Tengo una amiga que cuando viene a verme siempre me pregunta ¿a qué hora es la misa? Al principio le contestaba que la misa en el monasterio es por la mañana, que lo que iba a hacer después de su visita es la oración de la tarde, o vísperas. Ahora ya sencillamente le contesto que a las siete y media. Para mi amiga todo lo que sea ir a la iglesia es igual a misa, lo cual quiere decir que para ella las monjas celebramos la misa, ¡vaya lío como se enteren en el Vaticano! Fuera bromas, volvamos al tema que nos ocupa. La última parte de la celebración es una comida, sencilla, productos básicos, de la tierra, preparados con cuidado para la celebración. Pan y vino. Una comida bendita. Sí, la última parte es la parte de la Eucaristía.

La comida es un signo de vida. Cuando Jesús resucita a la hija de Jairo, les dice que les den de comer:

Se reían de él, pues sabían que estaba muerta. Pero él, tomándola de la mano, le ordenó: —Muchacha, levántate. Le volvió el aliento y enseguida se puso de pie. Jesús mandó que le dieran de comer. (Lc. 8, 53-55)

Y Jesús invita a comer a sus amigos cuando ya ha resucitado en la playa, de nuevo en el capítulo 21 de Juan (por cierto, una comida en la que es Jesús quien invita).

Somos una sociedad de contrastes, mientras un tercio de los alimentos que producimos se tiran a la basura, por otro lado se da más importancia a la manera de alimentarnos, a la calidad de los productos que comemos. Y me estoy acordando perfectamente de los 800 millones de personas que pasan hambre… La comida es esencial  para la vida. De hecho, somos lo que comemos, así de contundente y científico. Por lo tanto, comiendo el Pan y el Vino en la Eucaristía nos transformamos en Pan y Vino, nos alimentamos de Cristo presente y resucitado. Él invita.

La celebración de la eucaristía es fundamentalmente una gran oración de acción de gracias. No sé si has ayunado esta Cuaresma, si te has privado de  lo superficial para hacerte más sensible a lo esencial. Sea como sea, tengo una propuesta para ti a lo largo de los cincuenta días de Pascua. En este tiempo vas a comer muchas veces. Te sugiero que des gracias antes de cada comida, que la bendigas, que te disponga a recibir el don de Dios que es generoso contigo. Allí donde estés, restaurante o casa de unos amigos. Si alguien se sorprende

“¿a ti qué?, tú agradece”

Da gracias por esta comida que vas a tomar ahora. Te pondrá en comunión con todo lo creado, más sensible a las demás personas, de cerca o de lejos. Verás que la vida se va transformando cuando eliges vivir agradeciendo. Tú eliges.

 

Y así, en este recorrido por la Vigilia Pascual ya habrás nacido, habrás sido dada a luz, recibido el aire que te da vida, bendecida con agua, y alimentada de forma sagrada. Una nueva CRiaTura a través de la Luz, Palabra, Bautizo y Eucaristía, con tu identidad en CRisTo, CompRomeTida con el Reino. Tres palabras íntimamente relacionadas que a partir de esta noche toman una nueva profundidad.

Me despido con mucho afecto y te dejo este texto de Hildegarda.

¡Nos vemos en la Vigilia!

[…]Porque Me enciendo sobre la belleza de los campos, esto es la tierra, de cuya materia Dios hizo al hombre; y resplandezco en las aguas, como el alma, porque así como el agua se esparce a través de roda la tierra, así el alma recorre todo el cuerpo. También ardo en el sol y en la luna, que son figura de la racionalidad (mientras que las estrellas son las innumerables palabras de la racionalidad). Y con un soplo de aire, al modo de una invisible vida que sustenta al conjunto, despierto todas las cosas a la vida: porque por el aire y el viento subsisten los vivientes -que crecen y maduran-, que han sido apartados de la nada por el solo hecho de existir […] (Santa Hildegrada Von Bingen)