Sed

“Jesús fatigado por la caminata, se sentó junto al pozo.

Era cerca de mediodía.

En esto una mujer samaritana se acercó al pozo para sacar agua.

Jesús le dijo:

Dame de beber…

La samaritana le dijo a Jesús: ¿cómo es que tú,

siendo judío te atreves a pedirme agua a mí…

Jesús le respondió:

Si conocieras el don de Dios y quien es el que te pide de beber,

sin duda, que tú misma me pedirías a mí agua viva”

(Jn 4,5-42)

 

Una invitación: lee el texto íntegro de una vez. Después acércate a él leyendo por partes los diálogos.

 

  1. Diálogo expectante entre Jesús y la mujer.

2. Diálogo de peticiones mutuas.

3. Diálogo de dos sedientos.

4. Diálogo de descubrimientos.

 

Nos movemos en la sed.

Jesús tiene sed y se sienta junto al pozo. Tiene sed y le pide a la mujer agua. Ella se sorprende e interroga a Jesús: “¿cómo es que tú, te atreves a pedirme agua a mí?” Jesús no pierde el tiempo y comienza a darse a conocer: “si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber…serías tú misma la que me pedirías a mí y yo te daría agua viva”. La mujer responde: “Señor, dame ese agua.”

Diálogo expectante…

La mujer innominada, puedes ser tú misma, quizá eres tú. Busca respuestas claras de Jesús, pues ella también siente sed, y le expresa su sorpresa: ¿con qué vas a sacar agua, “agua viva” si no tienes con qué? Jesús vuelve a llamar a su corazón sediento: “Si bebes del agua que yo quiero darte, nunca más volverás a tener sed”. Ella, entre sorprendida y confiada, exclama: “¡Señor, dame ese agua!”

Diálogo de descubrimientos

Jesús le dice: “Vete a tu casa, llama a tu marido y vuelve aquí”. No tengo marido, responde ella. ¡Cierto!, dice Jesús. Y siguen dialogando hasta que Jesús le descubre que “ya está aquí la hora de rendir verdadero culto al Padre”. La mujer le dice: “yo sé que el Cristo está a punto de llegar”. Y Jesús no puede seguir ocultando a esta mujer quién es y también a ella revela su secreto: “¡Soy yo, el que está hablando contigo!”

La sed que tienen, tanto Jesús como la mujer, se ha ido transformando en confesiones mutuas.

Diálogos que terminan en la revelación de Jesús: ¡Soy yo! El Maestro desvela a esta mujer, que puedes ser tú, el misterio que le habita.

Diálogo de anuncios:

Jesús anuncia que el Padre quiere ser adorado en espíritu y verdad. La  mujer deja el cántaro que la ata a lo caduco y vuelve al pueblo a anunciar que ha encontrado el agua viva: ¡Cristo, el Mesías!

Descubre tu sed y bebe del agua viva.

Dialoga con el Maestro y descubre qué tienes que anunciar, qué tienes que hacer con tu vida.

No tengas reparo en hablar con Jesús; él está esperando que te dejes encontrar. Y te contará cosas que sólo tú puedes comprender.

La relación con Jesús es cuestión de corazón. ¿Arde tu corazón? Sólo así te dejarás seducir.

Siéntete… buscada/o por Él.

 …alcanzada/o por Él;

 …sorprendida/o por Él.

Sólo así podrás decir: ¡heme aquí!

 

ORACIÓN:

Señor Jesús: que tu Espíritu me enseñe a adorar al Padre en espíritu y verdad.

Dame tu Espíritu, que es agua viva que calmará mi sed.

Que acierte a proyectar mi vida en términos de donación no de posesión.

Amén