Precisamente a mí. ¿Y por qué no?

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Precisamente a mí. ¿Y por qué no?

Precisamente a mí tenía que tocarme. Mira, Señor, no quiero, no quiero y no quiero. Esto que estoy sintiendo no es lo que quiero y no deseo darle paso. Después de un tiempo en el que notaba que algo fallaba se me ha colado en la cabeza, y lo que es peor, en el corazón, la absurda idea de ser monja. Digo ser monja, no «querer» ser monja. Que no, que no quiero, que no sirvo para eso, que mira todo lo que tengo que dejar: familia, mis amigos, mi futuro. Bueno, futuro no, que tendría uno, ese que tú pareces querer y que te empeñas en susurrarme que es más verdadero, más pleno y más para mí.

Si es que… que soy muy joven todavía. Ya, que mejor, sí, claro.

No, no me atrevo. No soy capaz ni de decirlo en voz alta. ¡Menudo jaleo se iba a montar! La gente no lo entiende, bueno, si soy sincera, no lo entiendo ni yo, pero lo siento, vaya que si lo siento. ¿No puedo hacer lo mismo sin necesidad de entrar en un monasterio? No, ya, ya sé que no es cuestión de hacer sino de ser. Si, pero… ¿ser qué?, ¿monja? Madre mía, qué marrón.

Pero esta idea se me está clavando demasiado adentro. Le doy vueltas y vueltas, aunque no quiera, creo que estoy obsesionada. Igual estoy huyendo de algo, pues menuda huida, irte a un convento. No, es más, es mucho más. ¡Ufff, la que se está liando!

Que no, Señor, que no quiero, ¿pero tú me has mirado bien?, ¡si soy un desastre! No puede ser, tengo que hablar con alguien, alguien que haya vivido lo mismo y que me ayude a darme cuenta de que todo esto es una tontería.

¿Y si no lo es?

¿Y si resulta que sí, que me estás pidiendo que sea monja?

¿Qué hago? Se me encoge el estómago solo de pensar el lío que se organizaría,… además del miedo que me da. ¿Y si me confundo? Pero, claro, ¿y si no lo intento? Madre mía, pero ¿será verdad?, ¿yo monja? No sé si reír o llorar. Y cómo te digo que no, con todo lo que me quieres y confías en mí.

No lo entiendo pero sí entiendo que esto debe de ser lo mejor para mí, porque me quieres, porque me buscas el mejor camino.

Necesito confiar más en ti, necesito más sed de ti para poder beber de este agua que me ofreces, esa que es tuya y que sacia para siempre.

¿Por qué no? Tú me miras y yo te respondo.

Dame la mano y en marcha.

 

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