Palabra que revela vida

Palabra que revela vida

A veces, de la forma más sencilla y sin ser consciente de ello, alguien, en una conversación “intrascendente”, de repente te revela algo de tu vida. Así ha sucedido esta tarde al recibir a unas personas que venían a pasar unos días en nuestra hospedería.

 Cuando llega un nuevo huésped, tras el saludo y mientras recorremos los distintos espacios: la Iglesia, el comedor, la habitación… Es fácil que se cree una pequeña conversación, algo de conocimiento mutuo. Pero muchas veces esas pequeñas conversaciones de “ascensor” ahondan, revelan. Es fácil que una persona que se acerca a pasar unos días a un monasterio llegue con el corazón abierto y por eso es fácil también que la conversación cambie de nivel.

Esta tarde, hablando con dos mujeres comprometidas con su fe y en búsqueda, se llenaba de sentido la vida monástica dedicada especialmente a la contemplación. Me decían ellas lo difícil que resulta en su día a día encontrar tiempos y espacios para la oración y como muchas veces tienen que aprovechar el trayecto en metro o el tiempo de espera al autobús para sacar un rato de oración, de diálogo con Dios. Y añadían: “vosotras tenéis mucha suerte, vuestra vida os permite tener esas oraciones tan hermosas en unos espacios cuidados”.

 Es verdad, las monjas tenemos mucha suerte. Nuestro día gira en torno a la oración y el monasterio, nuestro espacio, está “diseñado” para el encuentro con Dios a través de la oración. Y también del trabajo y la vida comunitaria. Pero además, me decían ellas (estas dos mujeres comprometidas con el evangelio y que le dedican buena parte de su tiempo al compromiso social), que para ellas la vida monástica contemplativa cada día tiene más sentido.

Ellas se acercan a un monasterio una o dos veces al año, pero el saber que nosotras, las monjas estamos aquí alienta su día a día, somos un “pilar fuerte” en su vida.

Y ha sido está palabra la que a mí me ha revelado algo importante de mi vida. Como cuando abres una ventana y la habitación se llena de luz. La habitación sigue siendo la misma pero llena de luz parece nueva y más bonita.

 Por eso, al escuchar que hay personas que experimentan el sentido profundo de este estilo de vida que normalmente no se comprende, se me ha llenado de luz el corazón. Ha sido como abrir una ventana y dejar que un sol radiante ilumine y llene de belleza cada rincón.

Así, una palabra, en una conversación sencilla, me ha revelado la grandeza oculta de mi vida. Porque es verdad, la vida monástica tiene como finalidad sostener, por medio de la oración, la fe y la oración de la humanidad.

Como decía una hermana mayor: “Gracias, Dios mío, gracias”, por estas personas que vienen buscando y nos ayudan a encontrarTE.