Domingo XVIII del Tiempo Ordinario

Domingo XVIII Suesa

Domingo XVIII del Tiempo Ordinario

“Maestro, dile a mi hermano que reparta
conmigo la herencia… “Tened mucho
cuidado con toda clase de avaricia; que
aunque se nade en la abundancia, la vida no
depende de las riquezas”.

Lc. 12,14.15

Este texto del evangelio de Lucas nos sonroja, nos saca los colores. Paradojas de la vida: no se nos cae de la boca la frase “estamos en crisis”. Y es verdad, hay mucha gente en el paro, otros con salaros bajos, otros con circunstancias que obligan gastar menos que en tiempos pasados. Y otros, se dedican a coger lo que no es suyo, que de eso abunda. No es malo lo que uno le dijo a Jesús: ¡Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia!

El Maestro trasciende esa petición. “Y añadió: tened mucho cuidado con toda clase de avaricia”, cambia de personaje ya no es uno, el que le ha expuesto la petición, son todos los que le escuchan: tened mucho cuidado… He aquí cómo Jesús nos sugiere lo necio que es un corazón ambicioso, un corazón que su única esperanza es “llenar sus graneros”, “nadar en la abundancia”, pasar la vida acumulando, aunque eso nos conduzca a no poder disfrutar de paz, sosiego, felicidad, en definitiva a no recrear-se, a no recrear la propia vida.

Lucas nos deja entrever que para Jesús las posesiones, el dinero no tienen más valor que aquello que nos facilita una vida en paz, una vida que nos ayude a crecer como personas, a descubrir la belleza de lo sencillo y lo pequeño: asombrarse ante un nuevo amanecer que se nos ofrece como una hoja en blanco para estrenar.

Hoy, a ti y a mí, se nos ha ofrecido la novedad de una jornada para vivirla en toda su plenitud. ¡Y eso es una inmensa riqueza! Se nos ofrece la posibilidad de acercarnos a la persona necesitada y compartir con ella lo que tienes y ella necesita. ¡Y esa es la mejor herencia!

Disfrutar de la inmensidad de la vida, del aire, de una amigable compañía. ¡Eso es la felicidad más intensa! No dejes que el corazón lo posea la envidia, los celos, el egoísmo, el rencor, sino que el Señor de nuestra existencia sea el Dios de la ternura, el dar y darnos, el amor sin medida. ¡Esa es la mejor posesión, eso es lo que mejor puedes repartir con tus hermanas y hermanos.

Y saberte vivido desde la comunión con Dios Trinidad, siempre en relación, acogida, entrega, escucha asombrada desde el silencio que favorece que puedas sentir que Jesús te dice: “con amor eterno te amo”. Eso desborda tus “graneros” que nunca se vaciarán y compartirás, repartirás y siempre tendrás más para entregar.

Trinidad Santa, Tú que eres comunión, relación y entrega:

Hoy,
yo te pido en nombre de las personas pobres, marginadas,
de las perseguidas, de quienes te buscan:
“Maestro, dile a mi hermana/o que reparta conmigo la herencia”,
que reparta tu amor, que reparta y comparta lo que le sobra
y así, construiremos un mundo más humano, más justo,
en el que todos cabemos y todos podemos tener su espacio.