29 de julio Santa Marta

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29 de julio Santa Marta

Hoy celebramos la fiesta de Santa Marta, que tristemente tampoco es fiesta litúrgica, solo “memoria obligatoria”. En la Iglesia apenas hemos aprendido a celebrar lo femenino.

A Marta, tradicionalmente se la recuerda por haber hospedado en su casa a Jesús y por el afanoso servicio que le brindó. Santa Marta es la patrona de las hospederas y hospederos, modelo de solicitud y servicio ante el huésped.

Su mirada atenta y su actitud disponible la llevan a intuir necesidades. San Benito en su regla invita a sus monjes a recibir a los huéspedes como si se tratara de la persona misma de Jesús. Es decir, a ver en la persona que llama a la puerta del monasterio al mismo Jesús y a tratarle como se trataría al Señor. De esta manera la actividad de quien atiende a la hospedería se convierte en algo “sagrado”. En el fondo, la vida monástica es sencillamente transformar la cotidianidad en algo sagrado. También dice San Benito que todas las herramientas de la casa deben cuidarse como si fueran “vasos sagrados”.

La vida monástica es ese empeño continuado de ver  a Dios en cada acontecimiento de la vida, especialmente en lo más átono y rutinario. Simplemente despertar a la Presencia viva que nos acompaña siempre.

En este sentido, Marta, fue una mujer despierta. Y aunque en cierta ocasión Jesús le recrimina que se afana por muchas cosas (Lc 10, 38-42) poco tiempo después descubrirá que es precisamente ella una de sus “discípulas aventajadas”, ya que es capaz de confesar, en medio del dolor por la muerte de su hermano Lázaro, que Jesús es “el Mesías, el Hijo de Dios que tenía que venir a este mundo” (Jn 11, 27). Solo otro importante personaje de los Evangelios hace una confesión de este tipo: Pedro (Mt 16, 16-17).

Tenemos en Marta un auténtico modelo de discípula. Ella sabe aunar el servicio solícito y la mirada penetrante que descubre en el carpintero de Nazaret al Mesías esperado. Y no solo mantiene, sino que aumenta su fe en los momentos de dificultad, de dolor. Ella estaba segura de que Jesús hubiera podido curar a su hermano enfermo, sin embargo no dejó de creer en Él aunque retrasó el encuentro y Lázaro murió.

Tal vez Jesús, el Buen Maestro, que aprendía y enseñaba de la vida y de las personas, aprendió de Marta el servicio atento, el arte de ceñirse la toalla y ponerse a los pies.

 

(En la imagen que acompaña el artículo reconocemos a varios de nuestros huéspedes en el comedor de la hospedería… y las hospederas, claro.)