Huellas.

Suesa huellas

Huellas.

Y tú, ¿qué haces?– preguntó el curioso a la joven que, inclinada, recogía cosas del suelo.
–        –  ¿Yo?– preguntó sorprendida, como si fuera evidente lo que hacía-. Recojo huellas.
Si la muchacha hubiese levantado la vista de su trabajo y la hubiera dirigido hacia su interlocutor  se habría encontrado con un enorme ceño fruncido y una cara de extrañeza inmensa.

–          Que haces ¿qué?, ¡¿recoger huellas?!

–          Sí, sí, recoger huellas.
–          ¡pero!… ¿cómo se hace eso?
–          Bueno, no siempre es fácil, se necesita paciencia, constancia e interés.
–          Ya, ¿pero cómo lo haces?
–          Sólo cojo las huellas de gente que ha pasado por mi historia, las levanto con cuidado, e intento que mi pie encaje en ellas lo mejor posible.
–          ¿No se rompen?
–          Ya te digo que se necesita paciencia, constancia e interés. Hay que hacerlo despacito, procurando que no se rompan. No siempre es posible, y a veces no consigo meter mi pie en ellas pero… la mayoría de las veces no hay una huella única, se repiten, y siempre puede intentarse otra vez.  En cuanto las levantas ya son tuyas, colocas el pie con cuidado y… ¡es increíble pero puede hacerse!
–          ¿Y para qué quieres eso?
–          Las huellas de estas personas son más que sus pisadas, son las huellas de Dios, las huellas de Dios en mi vida, porque cada ser humano indica el paso de Dios. El descubrimiento es tremendo, ¿cómo no voy a procurar recogerlas? Pero he de ir más allá, es bueno que mi pie encaje en la huella de otro, significa que voy siendo capaz de aceptar el camino ajeno, que puedo caminar con otros, que puedo apoyarme en ellos, pedir ayuda, o ser yo quien guie o acompañe.  Recojo huellas de Dios porque no quiero perderme ni uno de sus pasos por mi vida, y tampoco quiero caminar sola, sino rodeada, junto a otras huellas.
 
¿Cuántas huellas de Dios estás encontrando a lo largo de este tiempo de Pascua?
Agáchate con humildad, repasa tu historia y descubre sus pisadas, ¿qué haces ahora con esas presencias de Dios?
¿Dónde has sentido su paz, o su perdón? ¿A qué te llaman? ¿Qué te sugieren? ¿A dónde te lleva su memoria? 
Las huellas de Dios son para recogerlas y seguirlas, así se hace el camino y se construye la propia vida.