¿Celebración?

celebraciones en Suesa

¿Celebración?

Definitivamente algo estamos haciendo regular si nos empeñamos en llamar celebraciones a nuestras liturgias cuando cada vez tenemos menos cara de fiesta y participa menos gente de ellas.

En un tiempo en el que abundan las posibilidades (que no probabilidades) de divertirse, los espacios lúdicos y de ocio, etc., en un momento en el que la sociedad utiliza el adjetivo “divertido” paradefinir comidas, decoraciones, prendas de vestir…, en una época en la que se busca la fiesta en cualquier lugar… nuestras “celebraciones” no motivan, no invitan a la alegría, a la fiesta, y al encuentro.

Algo falla en nuestra forma de celebrar. O quizás lo que ocurre, es que no queremos que sean celebraciones, y entonces, por honradez, tendremos que cambiar el nombre.  Podemos llamarlo…, no sé, reuniones litúrgicas (eso sin analizar el contenido etimológico de la palabra “liturgia”), encuentros rituales,… pero… ¿celebraciones?…

Tendríamos que llenar nuestros encuentros de deseo. El deseo agudiza la vista, despierta el alma, que se pone en camino, recarga el corazón y todo el ser, espíritu y cuerpo se alerta ante lo que va a suceder.

El deseo es movimiento. Cuando deseamos beber nuestro cuerpo se tensa buscando el agua. Cuando  deseamos hablar con alguien ponemos los medios necesarios para poder hacerlo. Cuando deseamos celebrar nuestra fe… entonces, ¿qué nos pasa?, ¿está el fallo en “celebrar”, en “fe” o en “desear”?

No es necesario dar respuestas. Ya sabemos cuáles son las dificultades, conocemos los esfuerzos necesarios para hacer que nuestras celebraciones sean verdaderas fiestas de la fe. Ahora sólo nos falta desearlo de verdad, como en los cuentos, cerrar los ojos y desearlo con tal intensidad que lleguemos a hacerlo realidad.