Fin de año en la hospedería de Suesa.

Hospedería del monasterio de Suesa.

Fin de año en la hospedería de Suesa.

Dos huéspedes nos envían unas palabras a modo de testimonio sobre la experiencia de comenzar el año en la hospedería del monasterio:

El día se presentaba con un montón de sentimientos que nos inundaban a cada una al iniciar el viaje. En el aire pululaban regocijos que nos hacían estar inquietas.

Las dos, hacía tiempo (un año)  que habíamos decidido no perder la oportunidad, de hacer realidad aquella frase que ya dijimos: “El año que viene, más…”!!

Y… ¡¡allá vamos!!, con el corazón lleno de ilusión, abiertas, dejándonos  llevar por el viento del Espíritu, vacías, haciendo hueco y  atentas a los acontecimientos del camino que, es para nosotras tan importante como la llegada al destino.

Y así llegamos a Frómista, y en la barra de una Venta, disfrutamos de un encuentro con  Cristina… comunicación piel a piel…, que nos hizo continuar  el camino aumentada la dosis de entusiasmo que ya llevábamos.   Y éste no sería el único, pues una vez en el Monasterio compartimos mesa, mantel, sobremesa, diálogos y experiencias de vida con gente muy diversa, saliendo de todo ello enriquecidas, como casi siempre suele suceder allí.

Llegadas la Monasterio, la oración de Vísperas nos introduce suavemente en lo que van a ser estos días. Durante los primeros, vamos haciendo un recuento  de  los regalos recibidos durante el año que termina, sorprendiéndonos positivamente al constatar lo abundantes que han sido, y nos brota un grandísimo  agradecimiento a Aquel que nos mima tanto…

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Toc, toc… Se oyen unos golpes, y una enorme puerta se abre… comienza la Vigilia de Fin de Año. Tras este gesto sencillo nos preguntamos, ¿Cómo está mi puerta? ¿A quién abro? ¿Para quién la cierro? ¿A quién pillo los dedos de la ilusión con ella? ¿A quién escucho detrás?…  Y… ¿Cómo y a qué puertas llamo? ¿Cuál es mi contraseña?…

Con los gestos, las danzas, los cantos, la reflexión, fuimos despojándonos de lo ya vivido, para pasar a celebrar las campanadas que una a una marcan el comienzo del nuevo año. “Una nueva etapa del camino.”

Cada gesto, lo vivimos de forma entrañable y profunda, se nos dio LUZ, para alumbrar allá  donde estemos, ALAS, para volar hacia la Libertad y no quedarnos mediocres a ras de suelo, y a través del signo de las PIEDRAS, reconocimos el lastre que nos acompaña, que nos entorpece el camino, para  una vez arrojadas sentirnos ligeras y libres para vivir lo que cada día nos vaya presentando.

Todo esto aderezado con un montón de abrazos, alguna que otra lágrima,  unas copas de cava, compartiendo unos ricos bombones, unos bailes pastoriles con música de fondo de pandereta, porque… ¡¡”de la abundancia del corazón habla la boca….”!!

Hasta aquí, lo que hemos compartido con otros.

¿Lo importante?  Lo que cada una, personalmente hemos trabajado a solas, en nuestra habitación, en la naturaleza, en el oratorio…. ¡¡ Que es lo que nos hace volver…!!

Llegamos al Monasterio, vacías, haciendo hueco para acoger todo EL AMOR y LA MISERICORDIA  que Él  nos  tenía preparado.

Hemos vuelto, llenas, felices, con fuerzas nuevas, renovadas y sobre todo, agradecidas a Él y a la comunidad  que con tanto acierto nos han guiado como flecha amarilla, una vez más, en nuestro caminar.

GRACIAS SIEMPRE…

Dos locas al viento (del Espíritu)

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