En el principio ya existía la Palabra…

En el principio ya existía la Palabra.

En el principio ya existía la Palabra…

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra era «Sí».
En el principio la Palabra Sí aleteaba sobre una humanidad que habitaba en sombras. Y la palabra Sí se entrelazó entre las gentes y se hizo carne amada y carne amante.

La Palabra Sí descansó en un espacio pequeño, en un recinto cálido y abierto al que llamó “entrañas”.

Y la Palabra Sí se fue ampliando y se llamó también “Misericordia” y “Compasión”.

Fue repartiéndose por otros espacios, algunos también cálidos, otros más fríos, casi huidizos. Pero la Palabra Sí  fue escondiéndose allí, con paciencia, hasta que llegara el momento de germinar; y de nuevo creció su nombre y se llamó “Confianza”.

En aquellos días, algunos corazones lucían alegres, más esperanzados, más receptivos. Otros, en cambio, permanecían en el letargo del claroscuro. Pero la Palabra Sí esperaba, y aún espera, amando con misericordia y compasión, confiando que más entrañas sean abiertas.

La Palabra Sí revoloteaba en muchas ocasiones incomodando mentes y emociones, buscando nuevos espacios que habitar, donde poder una vez más recibir un nombre nuevo y así llamarse “Entrega”. En otras ocasiones sencillamente aguardaba con paciencia (como aguarda el sol a que la luna se retire) y con respeto porque sabe que no se puede forzar al alma a abrirse si lo que se pretende es un espacio honesto. Y también en esto adquiere otro nombre, y es este “Libertad”.

Muchos corazones no entendían a la Palabra Sí, porque estaban cerrados al misterio del alma, y entonces la Palabra Sí lloraba, masticando soledad y rechazo. Pero aún así, bailaba de puntillas, golpeando suavemente con los pies al ritmo de la esperanza los corazones, y mucha gente escuchaba a la Palabra Sí y decía que hablaba con sabiduría y no como otros que lo hacían para impresionar y manipular. Nuevas entrañas se abrían a la Palabra Sí, y era entonces «Sí en Radicalidad».

Muchas almas, dejándolo todo, la siguieron, y no miraban atrás.

La Palabra Sí iba haciendo amigos que respondían y se llamó también “Comunidad”, y con este nuevo nombre vino “Vulnerabilidad”.

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Esta es la historia de unas entrañas que acogieron a la Palabra Sí y que, con temor y temblor, comunican lo que han visto y oído, lo que han tocado.