Desnudar y des-anudar.

Entregar la vida

Desnudar y des-anudar.

Des-anudar la vida…   //   Des-nudar la vida…

A las puertas de la Navidad, os proponemos desanudar y desnudar la vida.

Desnudar la vida significa quedarnos a la intemperie, en absoluta vulnerabilidad, desarmados… entregados.

Desanudar la vida conlleva dejarla sencilla, abierta, diáfana,… entregada.

Como Jesús. El hombre de la vida desnuda y desanudada.

El tiempo de Navidad es el tiempo de la primera entrega de Jesús.

De una forma muy sencilla podemos darnos cuenta de que Jesús se entregó dos veces. Sí, dos veces envueltas en la gran entrega de su día a día. Por eso podemos aprender de él, sentándonos a sus pies, contemplándolo y escuchando sus palabras, bebiendo sus acciones.

La primera entrega fue hacerse niño. Y este quizás puede ser el aprendizaje más dificultoso para nosotros. La Palabra se hizo carne, y habitó en nuestra tierra, en nuestro barro. Dios decide hacerse uno de tantos, entregarse en la desnudez de la vida, como recién nacido, vulnerable, frágil, promesa de algo más, de Alguien más, pero en ese momento de pequeñez aún solo promesa. Más adelante, muchos años más tarde, Cristo se entregará de nuevo, tras una vida sin nudos, bien clara, bien sincera, tras aquella pregunta de “a quién buscáis”. Tras su nacimiento ya hay grupos que lo buscan: sabios, pastores, un rey… No deja indiferente su entrega, la entrega de su vida a la humanidad.

Vivir el acontecimiento de la Navidad nos invita a reflexionar sobre nuestra entrega y sobre nuestra respuesta. La desnudez del alma.

Generalmente valoramos muy positivamente las actitudes heroicas de aquellas personas que han tenido el valor de dar la vida por alguien en un momento puntual. Son actos heroicos que nos sobrecogen, que nos llenan de admiración. Podemos pensar, por ejemplo, en las personas que fallecen intentando rescatar a alguien que se está ahogando en la mar.

Lo que nos cuesta es ver como entrega de la vida la opción de una mujer por cuidar siempre, a su hermano con síndrome de Dawn. O la de aquella familia que acoge en su casa a una amiga enferma, trastocando toda la vida familiar, girando todo en torno a la nueva situación. O la entrega tan habitual de tener a alguno de los progenitores ancianos en casa, con la “esclavitud” (a veces decimos esa palabra) que eso conlleva, Y otras muchas entregas.

Jesús comenzó entregándose en la figura minúscula e indefensa de un niño. Comenzó dejándose hacer, empezando a ser. Su vida desnuda

Esta Navidad os invitamos a valorar la entrega de vuestra vida. Comencemos en la desnudez de un niño, despojando nuestra vida de artificios, de superficialidades, para poder mirarnos y hacer gorgoritos, como un bebé que se entrega totalmente. Incondicionalmente.