Sobre la fidelidad… (I)

Sobre la fidelidad… (I)

Cuenta la tradición que en el momento de ser asesinado (en los idus de marzo), Julio César descubre entre sus homicidas a su íntimo amigo Bruto. Ante esa realidad el gran emperador exclama: «¿Tú también, Bruto, hijo mío?». Al final de su vida, en el último momento, se ve traicionado por alguien a quien consideraba amigo fiel. Siglos después, Shakesperare, en su obra Julio César, dejaría plasmada aquella frase que se ha hecho coloquial: «¡cuídate de los idus de marzo!», como advertencia de lo que pueda pasarte.

Años más tarde, hacia el 30 d.C., en la ciudad santa de Jerusalén, otro hombre, más humilde, con menos fasto, pero alguien que iba a impregnar el transcurso de la historia mundial hasta el punto de que su existencia marcaría el cómputo de los años, sería traicionado por aquellos a quienes consideraba sus amigos más fieles y posteriormente ajusticiado.

Jesús de Nazaret, el hombre de la confianza infinita en el ser humano exclama al final de su vida: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen».

Las relaciones humanas están llenas de encuentros y desencuentros, fidelidad y traición. Dios es el Dios fiel de la eterna fidelidad, quizás porque es fiel a sí mismo. Como lo fue Jesús.

A veces es difícil encontrar el equilbrio entre fidelidad a otro-a y fidelidad a una misma; fidelidad a una opción y fidelidad al propio camino. La vida da muchas vueltas y las respuestas durante ese tiempo precisan de flexibilidad, discernimiento, madurez y asertividad. Esto sucede muchas veces también con las amistades, en la familia, y con la propia conciencia. En ocasiones nuestra actitud supone para el otro traición cuando en realidad es un paso más en el camino personal. Judas se sintió traicionado por Jesús porque no fue capaz de entender lo que el Maestro quería llevar a cabo. Y Jesús fue fiel al proyecto del Padre a pesar de las tentaciones, del miedo,…  La fidelidad del carpintero de Nazaret al Reino de Dios hizo que perdiera la fidelidad de aquellos que supuestamente lo apoyaban. La fidelidad de Jesús en el ser humano supuso la infidelidad del ser humano hacia Jesús. Menos mal que un grupo de mujeres salvaguardó un poco la dignidad del género.

El Maestro consideraba que sobre las fidelidades adquiridas a lo largo de la vida había una que primaba, la que tenía hacia su Padre, y eso conllevaba algunas rupturas. A los ojos de la gente podía parecer traición a su familia, a sus tradiciones, a su religión… Jesús buscaba más, deseaba más, no había venido al mundo para conformase con lo que había.

Es fácil juzgar las opciones de los demás, pero es peligroso, se corre el riesgo de equivocarse y hacer daño.

El concepto de fidelidad es sano en sí mismo. Lo que es insano es aburguesamiento, comodidad, miedo al enfrentamiento, modorra…

Dios nos pone uno y mil ejemplos en la Biblia sobre fidelidad, entrega, inconformismo, búsqueda profunda…