Cuando aparece la acedia…

Cuando aparece la acedia…

Muchos, muchas lo hemos vivido, especialmente quienes hemos elegido hacer de nuestra vida una respuesta a Dios, buscando su camino, respondiendo a sus invitaciones. Pero no hablamos de ello porque lo confundimos con falta de fidelidad, en nuestra sociedad no se habla de lo feo, lo molesto, lo que estorba. Sin embargo necesitamos compartirlo.

En el camino espiritual hay tiempos “on”, en los que todo se recibe con gratitud, aparece fácilmente la sonrisa, eres amable, muy amable. La vida fluye, y todo está bien. Dios está presente.

También hay tiempos “off”, en los que hay algo que pesa, sin saber qué exactamente ¿una misma? Y no se quiere hablar con nadie, ni ver a nadie, ni acariciar a nadie. Una se va y no sabe dónde está. Las palabras saturan, el silencio se ausenta, solo hay dientes apretados, un constante ruido de fondo, de mar brava contra las olas.

¿se tiene que tener paciencia con una misma?

¿esperanza?

¿humildad?

¿más paciencia?

Y una se encuentra en batalla con una misma, con una temblorosa inseguridad, con el rumbo perdido, chocando con una misma. Sola, sin Dios.

Y aparecen de repente, sin avisar, van asomando por el horizonte, fuertes y sugerentes, bien equipadas de razones. ¿Quién? Las tentaciones, una detrás de otra comienzan su baile seductor, el que te muestra lo que podría ser, las luces de neón, los escaparates de la vida fácil y diferente. “¡Vete! ¡Cambia tu vida! ¡Corre!” Todo para apagar el pabilo vacilante del corazón. Pero todas ellas actúan al mando de la vieja conocida por tantos hombres y mujeres que han querido poner su vida entregada en las manos de Dios. ¿Quién? La llaman acedia, o la tristeza corrosiva del corazón. Y cuando se nombra, y se reconoce, es cuando se da el primer gran paso para salir de este tedio del corazón. Porque nombrar las amenazas, nombrar al enemigo que te ataca permite renacer la esperanza y fortalecer la paciencia con una misma. Permite reconocerte como parte de una historia, ampliar la mirada y saberte parte activa de una situación conocida por tus antepasados, y antepasadas, esos que con su permanecer y su confiar pudieron degustar la dulzura de la victoria…, hasta la siguiente batalla.