SE ABRE EL CAMINO.

Nos encontramos a principios del siglo XIX. Un 13 de septiembre de 1807 nace en Santander Mª Cruz Felipa Pérez Acebo, en el Hospital de san Rafael, actual sede del Parlamento de Cantabria.

Tenía dos hermanas y era hija y nieta de médicos. Recibe una buena educación, aunque no por ello deja de ser una niña espontánea. Cuenta ella de sí misma:

“aunque era de natural silencioso, hablaba (como he hecho siempre) lo que no debía, pues, venido un matrimonio de tropa a consultar con el abuelo, éste fue a la sala donde estaba mi madre y dijo: ‘en mi vida vi mujer más fe, ves a obsequiarla’ Va mi madre y yo detrás; entro y digo: ‘dice mi abuelo que es usted muy fea’; con lo que a todos dejé afrentados”.

Desde bien pequeña siente inclinación hacia la vida religiosa y, después de diversos avatares, consigue ser admitida en el Monasterio de Madres Trinitarias de El Toboso (Toledo), donde toma el hábito el 28 de noviembre de 1824. Tomará su nuevo nombre religioso, hermana María Cruz de la Purísima Concepción.

El sueño que se hace realidad .   

En 1825 realiza su profesión solemne y durante los casi 40 años en los que vive en El Toboso ocupará diversos cargos en la comunidad e irá gestando la idea de una fundación en su “Montaña” natal, que es como se llamaba a la provincia de Cantabria.

Recibirá ayuda de su hermana Petra, casada con Benito Cagigal, natural de Suesa, y de ellos surge la idea y la posibilidad de fundar un monasterio con el servicio de colegio para niñas en este pueblo trasmerano de Suesa.

Sus hermanos compran, por encargo de ella, el hospital de Teas, en Suesa (ahora conocido como capilla del Carmen de Tes), pero no reciben el consentimiento para fundar allí debido a su estado “ruinoso y desierto, impropio por su soledad para vivienda de religiosas” según juicio del obispo de Santander.

El matrimonio Cagigal-Pérez ofrece a las religiosas una casa de su propiedad también en el pueblo de Suesa y el obispo da la aprobación, considerando un lugar apropiado para llevar a cabo los comienzos de la nueva fundación.

Dña. Juana López Basabe, viuda acaudalada, se propone también colaborar en dicha fundación y, de hecho, es considerada “fundadora” ya que finalmente será ella quien más ayude a llevar a buen término este proyecto. 

 El 25 de abril de 1860 parten las cinco monjas hacia Santander con el corazón lleno de alegría por la nueva aventura. Sus nombres son: María Cruz de la Purísima Concepción, María Nepomucena de la Piedad, María Juana Pabla del Corazón de María, Rufina María de Nuestra Señora de los Ángeles y Manuela María de Santa Filomena.

En el viaje hay de todo… “Trataron de la cena, hicieron unas sopas con huevos y quiso Dios que doña Juana vio que el almirez donde machacaron el ajo estaba lleno de cardenillo; lo hizo verter por no exponer nuestras vidas. Ponen la sartén a la lumbre y doña Juana decía: “el hollín va a caer en la sartén”, el Padre decía que no, y estando en esta porfía cae tan grande hollinazo que no se pudieron comer. Sacamos la alacena para sacar los cubiertos, vasos y platos, etc… se rompe la llave, y tuvimos que comer con los dedos y en un puchero nos sacaron la bebida”.

Después de más de diez días de viaje, el 5 de mayo llegan a Santander “donde nos esperaba muchísima gente y las pescadoras abandonaron los puestos para venir a vernos”.  Al anochecer fueron recibidas por el Obispo de la ciudad D. José López Crespo.

“Al día siguiente salimos para embarcarnos y nos tocó la lancha Trinidad, y llegamos a nuestro deseado Suesa, domingo a las 3 de la tarde”.

¡Por fin la Orden de la Santísima Trinidad funda su primera comunidad en Cantabria el 6 de mayo de 1860!

Las monjas son recibidas en la parroquia de Suesa y el 10 de mayo instauran la clausura en su nueva propiedad.

El número de hermanas va en aumento y pronto se ve la necesidad de buscar un nuevo emplazamiento ya que la pequeña casa no reúne las condiciones necesarias para albergar a toda la comunidad. Se presenta la oportunidad de comprar el Palacio de los Mazarrasa en Villaverde de Pontones.

A Villaverde de Pontones.

Doña Juana, bienhechora desde el comienzo del proyecto, se hace cargo de la compra del Palacio de Villaverde y el 10 de julio de 1861 las 17 hermanas trinitarias y las 4 educandas se desplazan a la nueva casa. “¡A Suesa hemos de volver!”, profetiza la hermana Filomena.

Después de parar en Cubas, al llegar a Villaverde “nos llevaron a la parroquia y, más tarde, nos encaminamos a nuestro palomar. Echaron todas las campanas y nos recibieron con gran triunfo, como la entrada del Señor en Jerusalén”.

Es necesario realizar nuevas obras para poder adecuar el palacio a las necesidades del monasterio. Se crea una Junta Protectora presidida por don Genaro Cajigal y que procurará ayudas y bienhechores para poder hacer frente a los gastos de las instalaciones así como de la manutención de las monjas que imparten sus clases de forma gratuita.

De nuevo se pone en marcha el colegio, esta vez con mayor capacidad que la que poseía la pequeña casa de Suesa. Las alumnas son externas o internas. Se beneficia de este servicio no sólo el pueblo de Villaverde sino que hay alumnas de Pontones, Entrambasaguas…

A mediado de los años 60 comienza a haber grandes problemas de humedad en el monasterio y se suceden las muertes por tuberculosis. Veinte monjas fallecen.

En 1874 muere La Madre Cruz y es nombrada priora Sor Luciana del Espíritu Santo, bajo cuyo mandato se fundarán las comunidades de Noya, Suances y Laredo y se comenzará a dar los primeros pasos para trasladarse definitivamente a Suesa ya que continúan enfermando por la tremenda humedad del edificio.

Doña Juana, una vez más, se pone a disposición de la comunidad, vende sus propiedades en Santander y compra “el Cueto de Suesa”.

De vuelta a Suesa.

El 31 de enero de 1887 la comunidad trinitaria se traslada definitivamente al Monasterio de la Purísima Concepción y San José en Suesa. Ese mismo año el obispo de Santander Sánchez de Castro visita a la comunidad y establece canónicamente la nueva comunidad. Doña Juana, fiel a su decisión de ceder todo a la comunidad traspasa los terrenos y las propiedades en 1889.  Desde esa fecha, desde 1887, las monjas trinitarias habitan este edificio sin interrupciones exceptuando cerca de año y medio cuando, con motivo de la guerra civil española, tuvieron que abandonarlo. Estuvieron fuera del monasterio poco más de un año. En agosto de 1937 la comunidad comienza a reagruparse y vuelve e intenta restablecer la normalidad.

Monjas de Suesa princicpios siglo XX

COLEGIO EN SUESA.

Para realizar una nueva fundación religiosa en aquellos años, el gobierno pedía que estuviese involucrada en una labor social. En la Madre Cruz nace la idea de fundar por estar tierras con la intención de llevar a cabo una labor educativa en una zona en la que, en aquella época, no había escuela.  Por ello la comunidad estuvo dedicada a la enseñanza de cientos de niños y niñas desde su llegada a Suesa. Este colegio funciona hasta el año 1974, fecha en la que se cierra definitivamente y la comunidad toma nuevos rumbos, al ritmo del Concilio Vaticano II.

Colegio1945En esos casi 125 años de proyecto educativo son muchas las personas que deben a estas hermanas sus “primeros saberes”; niños y niñas aprendieron aquí a leer, escribir, a coser, y los primeros pasos en la fe cristiana.

En los primeros años se admiten niñas internas que viven en el monasterio para permitir su asistencia a las clases. Después de la guerra esta modalidad va desapareciendo.

Cuando comienzan a surgir escuelas en los pueblos de alrededor el número de alumnos disminuye al tener otros lugares de formación más cercanos, pero la comunidad sigue su labor educativa e, incluso, algunas muchachas que estudian en otros centros acuden “a las monjas” para aprender a coser y a bordar.

ENTRELAZANDO VIDAS.

La comunidad camina al ritmo de la sociedad del tiempo que le toca vivir. La tarea educativa realizada ha hecho que se relacione con muchas personas, que por sus manos pasen muchas vidas que empiezan. Todo se entrelaza, las monjas no viven al margen de sus vecinos, comparten buenos y malos momentos, construyen juntos, a veces casi sin saberlo, una misma historia.

HOSPEDERÍA Y ESCUELA DE ORACIÓN

Después de cerrar el colegio, la comunidad inicia un tiempo de reflexión y decide habilitar las antiguas instalaciones como hospedería. Desde los orígenes de la Orden Trinitaria la hospitalidad es un elemento esencial en el carisma y la comunidad se propone recuperarlo. Ofrecer al huésped un espacio para encontrarse consigo mismo y con Dios.

Esto hace que la escuela que antes era intelectual se transforme en escuela de oración. Las monjas poseen vocación educativa y emprenden, hacia finales de los años 80, un proyecto de iniciación en el camino de la oración y la reflexión teológica a partir de la espiritualidad.

ASOCIACIÓN AMIGOS DEL MONASTERIO DE SUESA

En los comienzos del nuevo milenio la Comunidad de Monjas Trinitarias de Suesa da un paso más y se propone ofrecer un espacio de cultura espiritualidad y solidaridad donde cualquier persona con inquietud tenga cabida y pueda desarrollar sus proyectos siempre en pro de la sociedad.

Así surge la Asociación de amigos del Monasterio de Suesa con el deseo de responder a la exigencia de compartir la espiritualidad trinitaria.

Una interesante aproximación a lo que los monasterios fueron en el Edad Media, focos de cultura, de encuentro, lugares de oración y de caridad.

HOY

Son  más de 150 años queriendo caminar con paso firme por el sendero del evangelio, iluminadas por el carisma trinitario. Aquella primer intuición de San Juan de Mata fundador de la Orden de la Santísima trinidad para la liberación de los cautivos, los desvelos de tantas monjas que, a lo largo del tiempo y del espacio, han querido transmitir la alegría de la vida en común y en libertad, continúan siendo vivos en este tiempo.

Gracias por compartir vuestras vidas con nosotras.

La comunidad