¿Dónde está tu hermana?

¿Dónde está tu hermana?

La pregunta llega como una flecha al centro de nuestra opción de vida. ¿Dónde está tu hermana?

Hoy el Antiguo Testamento nos interpela a través del relato de Caín y Abel.

Con honestidad, quienes vivimos en comunidad ¿sabemos dónde está el resto de nuestras hermanas?, ¿qué senderos va recorriendo su corazón en cada etapa?

En la vida monástica vivimos juntas, creando comunidad, todos los días, sin trasladarnos a otras comunidades, es una opción seria, en muchas ocasiones no fácil. Siempre se puede escapar, claro, la afectividad puede ser como el cuco que pone los huevos en nidos ajenos. Pero eso no es ser comunidad, ni tan siquiera vivir en comunidad, podría ser “parasitar” en una comunidad. Si la vocación está fundamentada la respuesta, las risas, las lágrimas, los interrogantes, todo se gestará dentro de la propia comunidad, de la familia que estás formando.

El principal testimonio que podemos ofrecer desde la vida consagrada que vive en comunidad es eso mismo, que sí, que claro que se puede responder a esa pregunta “¿dónde está tu hermana?”, porque lo de mi hermana me afecta, me con-mueve, y me interesa. Y si no es así… andaré errante huyendo de mi propia frialdad.